Siempre volvemos al origen.

Me compré un buda alegre para tener suerte, hasta ahora... todo bien. Me compré una pulserita para la fortuna y otra para la fortuna y mala onda; la mala onda no sé, pero para la fortuna me funcionó y todavia no entiendo cómo porque soy más yeta que un colorado pasando por abajo de una escalera y que se le cruce un gato negro. En fin, no me saco más la pulsera de monedas chinas.

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